La arquitectura municipal suele oscilar entre lo faraónico y el despropósito de cemento. Por suerte, hay excepciones que desafían el absurdo. El Mercado Municipal de Almuñécar es una demostración de que los ayuntamientos pueden gastarse el dinero con sentido, y en lugar de financiar otro palacio de congresos fantasma, dar resultados útiles, rentables y elegantes. en este lugar paramos a comer en Merca Bar.
Siguiendo la tradición granadina, la bebida viene acompañada de su correspondiente tributo en forma de tapa. Boquerones sobre migas: el pescado fresco acunado por unas migas de una finura casi vaporosa. Continuamos con las croquetas de aguacate con gambas, reinterpretación notable del clásico donde la fruta aporta cremosidad, cuerpo y un perfil sutilmente afrutado, coronado por una rodaja de rábano que aporta el crujido y el frescor necesario.
Para cerrar nuestro ligero tentempié, pedimos un tartar de gambas rojas con aguacate y lima. Uno podría pensar que hay exceso de aguacate, pero es que nos encontramos en Almuñécar, la indiscutible capital europea del oro verde; y no se deben desaprovechar oportunidades como esta. Entre tanto verdor, el mar reaparece: el bocado sabe a sal, a una brisa marina llena de yodo y aun aderezado de perifollo que aporta clorofila. Imposible pedir más.
Rematamos con un café cortado bien fuerte, de esos que te devuelven al mundo real sin contemplaciones, tal como se estila en estos lares.
Nos encantan los mercados.



